La Campaña de África - 1909

Cromo núm. 1

1 – la Campaña de África – 1909

Cromo núm. 2

2 – Agresión de los riffeños

A las siete de la mañana del 9 de Julio, trece obreros de la Compañía Española de las minas del Riff, que trabajaban en la cimentación del puente sobre el arroyo de Sidi-Muza fueron atacados traidoramente por los moros.
Los riffeños que se encontraban emboscados, hicieron una descarga sobre estos y ocasionaron la muerte de tres. Los demás, sorprendidos por la salvaje agresión, apelaron a la fuga; los moros volvieron a hacer fuego sobre los que huían y mataron de un balazo a uno, y a otro le ocasionaron una herida grave en el antebrazo.
Por fin consiguieron tomar una locomotora de la Compañía Francesa y llegar al campo de Melilla, dando aviso del hecho al comandante militar.

Cromo núm. 3

3 – Represión inmediata

Apenas sabedor el general Marina del desmán de los riffeños, salió de Melilla con una columna de infantería, artillería, ingenieros y caballería para castigarlos debidamente.
La columna encontró a las fuerzas enemigas sobre las alturas. A consecuencia de los obstáculos del terreno, los enemigos dominaban el flanco derecho y el camino. Cañoneó la posición, y la infantería, tras porfiado combate a la bayoneta, le desalojó de tres alturas hasta coronar las estribaciones del Yebel-Sidi-Ametilach que quedó conquistado.

Cromo núm. 4

4 – Toma de Sidi-Muza

Cromo núm. 5

5 – Muerte del teniente coronel Ceballos

Cromo núm. 6

6 – Ataque de Sidi-Muza por los riffeños

No escarmentados los riffeños y confiados en su número, decidieron tomar la ofensiva y recobrar las posiciones que tan bravamente le tomara el ejército español.
Atacáronlo a la vez en varias posiciones, siendo una de las que pusieron más empeño en recobrar la altura de Sidi-Muza en que estableció parte de su campo el bravo general Imaz. Con tanto furor dieron el ataque y tan llenos de fiereza estaban poseídos, que llegaron hasta la misma alambrada que cerraba el campo español.
Recibiéronlos los nuestros a pecho descubierto, y tras de porfiada lucha de todo un día, pusiéronlos en desconcertada fuga con un brillante ataque a la bayoneta, después de haberlos diezmado a metrallazos.

Cromo núm. 7

7 – Hazaña de un soldado

Un soldado conducía en hombros al Hospital a un oficial herido, cuando de improviso vio venir a dos moros con intención de matarlos o cogerles prisioneros; el bravo soldado no perdió la serenidad, dejó al oficial al suelo diciéndole "no se espante Vd." y arremetiéndolos al arma blanca mató a uno y puso en fuga al otro.
Y volviendo a cargarse el herido a cuestas, a pesar de una lluvia de balas, pudo llegar al campamento del Hipódromo dejándolo salvo en el Hospital de campaña.

Cromo núm. 8

8 – Conducción de un convoy de víveres y de agua

Cromo núm. 9

9 – Gloriosa acción del 20 y 21 de Julio

Engrosadas las kábilas riffeñas por las predicaciones de algunos santones, llegaron a reunirse en número de más de dieciocho mil hombres, la mayor parte de ellos bien armados con armas modernas y confiados en el número, otra vez se lanzaron a recobrar las posiciones en que los españoles bien prevenidos les esperaban.
A pesar de que la artillería con sus certeros disparos les causaba una mortalidad horrible, no cejaban en sus embestidas los tenaces riffeños, y volvían a la carga uno tras otro ataque, poco les importaba, al parecer, el dejar cada vez sembrado el campo de cadáveres.
Combatiendo así se pasó la tarde y la noche del 20, pero al amanecer del 21, nuestras tropas atacaron a su vez obligando al enjambre de moros a retirarse.

Cromo núm. 10

10 – Soldados y paisanos conduciendo heridos

Los vecinos de Melilla, ardiendo en deseos de ser útiles al ejército que pelea por la patria, al ver que después de los combates los soldados recogen a los heridos, colocándolos en camillas y cargándoselos en hombros para conducirlos al Hospital, se juntan a ellos voluntariamente para ayudarles en la piadosa tarea, y cogiendo las andas de las camillas o cargándose en hombros al herido que andar no puede, ayudan a llevarlos no solo al Hospital de campaña del Hipódromo sino hasta el más apartado de Melilla, quedándose después, los honrados ciudadanos, contentos y orgullosos de haber contribuido a la tan humanitaria como patriótica tarea.

Cromo núm. 11

11 – Los cazadores de Estella recobran un cañón

En uno de los combates de últimos de Julio, habían logrado los moros apoderarse de un cañón, y el capitán de la batería, rodeado por consideraba número de enemigos, requirió el auxilio del capitán de infantería Sr. Nido que con cuarenta hombres del batallón de Estella estaba destacado en la posada del Cabo Moreno. El bravo capitán mandó a sus soldados calar bayoneta y atacó al enemigo con tanto vigor que lo derrotó y castigó duramente, recuperando el cañón, que los mismos cazadores llevaron al campamento.

Cromo núm. 12

12 – Incendio de un aduar por el cañonero "Bazán"

Llena de celo la Marina Española para servir a la patria y ganosa siempre de ayudar al ejército, ha prestado servicios imponderables, tal es uno de ellos el castigo de los poblados de las costas, de desde donde se hacía el contrabando de armas y municiones, además de ser lugar de descanso de los kabileños combatientes. El cañonero "Bazán", con su porfía, obliga a los rifeños y sus familias á abandonar sus viviendas que miran incendiadas y destruidas por la metralla y granadas de los disparos hechos por los bien dirigidos cañones del "Alvaro de Bazán".

Cromo núm. 13

13 – El general Pintos se pone al frente de su ejército

Cromo núm. 14

14 – Heroísmo del capellán de Arapiles, D. Miguel Lafuente

En el combate del 27 de Julio al batallón de Arapiles le tocó el atacar á los moros guarecidos en las sinuosidades y barrancos de las estribaciones del Gurugú; los valientes cazadores con sus jefes al frente, acometieron la difícil empresa subiendo á pecho descubierto por las escarpadas pendientes, coronadas de trincheras llenas de enemigos que cruzaban á tiros al que se atrevía á subir por aquellos despeñaderos, mas los soldados, acrecentando su valor por la bravura de sus oficiales, trepaban por las desnudas peñas. Próximos ya á tomar una altura que dominaba la posición, una compañía quedó sin oficiales y al verlo su capellán, D. Miguel Lafuente, tomó el mando de aquella fuerza, y con heroico valor la condujo á la victoria.

Cromo núm. 15

15 – Los soldados recobran una recua de mulas

Después de haber estado haciendo fuego la primera compañía de Arapiles, en uno de los combates del mes de Julio, observó su capitán, D. Emilio González, que varios moros trataban de apoderarse de cinco acémilas cargadas de cartuchos. Ordenó entonces fuego, y los soldados lo hicieron con tanta precisión como en el campo de ejercicios, y luego á la orden de armar los cuchillos y atacar lo hicieron con tanto denuedo, que los moros cayeron todos muertos recogiéndoseles las armas y efectos que llevaban.

Cromo núm. 16

16 – El cabo Francisco Martín Jordán

En el combate del 27 de Julio, un cabo del batallón de las Navas, Francisco Martín Jordán, llegó a encontrarse enormemente distanciado de los suyos y con un solo cartucho. Cinco enemigos se precipitaron sobre él; pero, sin vacilar, disparó el fusil, matando a uno de aquellos y arremetió contra los otros con el machete. En este trance acudieron los soldados Francisco González y Diego Sáenz, que mataron a dos de los moros e hicieron huir a los restantes.

Cromo núm. 17

17 – Ataque del blocao por los rifeños

Al remate de la construcción del primer blocao, la guardia de obras fue encomendada a sesenta hombres mandados por el teniente Velarde. Atacados por varios miles de moros, nuestra fuerza se defendió heroicamente hasta la llegada de refuerzos, muriendo gloriosamente en la acción el teniente Velarde y heridos veinte de los sesenta bravos soldados que componían su defensa, pero rechazando a los moros escarmentados duramente.

Cromo núm. 18

18 – Ascensión del globo "Júpiter"

Cromo núm. 19

19 – El cabo Pedro Calvo

Cuando el batallón de Estella se replegaba hacia el Hipódromo, vio el cabo Pedro Calvo, que de entre unas piedras salía una columna de humo. Separándose de sus compañeros se dirigió allí y encontró que la causa del humo era un cadáver que acababan de quemar los moros. Supuso que habría por allí algún herido, y en efecto, sorprendió a un grupo de moros y uno de ellos estaba rematando a un soldado. El cabo se arrojó sobre el moro, le quitó la gumía y se la hundió en la garganta, arremetió a los demás ahuyentándolos, y cargándose el herido en brazos llamó a sus compañeros que le ayudaran a transportarlo al hospital del Hipódromo, llevándose consigo el remington y la gumía del moro asesino como trofeo de su hazaña.

Cromo núm. 20

20 – Los grandes cañones del fuerte Camellos

Los obuses Ordóñez son de bronce comprimido, tienen un alcance de ocho kilómetros y pueden batir hasta las mismas alturas del Gurugú. En número de doce están instalados en el fuerte Camellos dominando con sus fuegos la amplísima zona que desde él se divisa, con tiros directos y disparos de altura, ahorrando con esto el empleo de fuerzas de infantería tan necesarias para otros servicios.

Cromo núm. 21

21 – Destrucción de un aduar en el Gurugú por los cañones Schneider

En las lomas del Gurugú hay varias casas atrincheradas que los rifeños utilizan como fortines para hostilizar a nuestros soldados. También es en ellas donde sus caudillos se reúnen para formar y organizar las jarcas que han de atacarnos. Sabedor de esto el general Marina dispuso para destruirlos que se probara en ellas el efecto de los nuevos cañones Schneider de tiro rápido emplazadas en el campamento del Hipódromo. Grande fue su efecto, el segundo disparo ya dio en el blanco y avisado de ello el jefe de la batería por el globo cautivo, dejó caer en el edificio una lluvia de granadas explosivas que lo arrasaron, volando por los aires los cuerpos destrozados de los jefes bárbaros que allí celebraban consejo para matar españoles.

Cromo núm. 22

22 – Explosión de una mina

Los ingenieros trabajaban en el atrincheramiento de una casa mora, retirándose al anochecer. Los rifeños, aprovechando las sombras de la noche, descendían silenciosa y solapadamente, llegaban a la obra, hacían en ella todo el daño que podían y se volvían a marchar. En vista de ello, se ideó colocar como al descuido, cual si se hubiera olvidado, una caja de municiones que contenía una substancia explosiva de un efecto destructor de los más formidables. La estratagema dio el resultado que se esperaba, pues a las once de la noche, cuando era mayor el silencio, se oyó una detonación espantosa. En cuanto fue de día, los soldados, curiosos, realizaron una descubierta y hallaron dos cadáveres y varios restos de moros destrozados.

Cromo núm. 23

23 – El capitán Navarro Ramírez

El capitán de la segunda compañía del batallón de Arapiles D. Enrique Navarro Ramírez, a pesar de hallarse enfermo de un pie, que le obligaba a usar una babucha y apoyarse en un bastón, no quiso ceder el mando de su compañía cuando este batallón, formado en el campamento del Lavadero, recibió la orden de avanzar por la cañada de Sidi-Muza para evitar un movimiento envolvente del enemigo. Esta es mi segunda, dijo a sus soldados, es la de los valientes, arriba muchachos; contagiada la tropa por sus palabras y ejemplo tomaron una meseta en la que se sostuvo valientemente a pesar del mortífero fuego del enemigo, y donde encontró muerte heroica, de pie, tranquilamente, mirando al enemigo y apoyado en su bastón como si estuviese en un campo de maniobras.

Cromo núm. 24

24 – Ocupación de Cabo de Agua

Para ensanchar el campo de acción del ejército y preparar su avance, mandó el general Marina al coronel de Estado Mayor Sr. Larrea, que tomara a Cabo de Agua, punto estratégico en la costa del Mediterráneo próximo á la Restinga. Conocedor del terreno el distinguido jefe, se dirigió allí sin perder tiempo. Corona la altura un castillejo moro casi derruido. En aquellos restos de viejas murallas se habían juntado muchos moros con ánimo de defenderlas, pero la brusca llegada y acometida de los soldados del regimiento de África, les desconcertó y puso en fuga, despeñándose algunos moros en su huida. Larrea quedó dueño de la posición, estableciendo en ella su campamento.

Cromo núm. 25

25 – El Avance – Exploración de Larrea

Fortificada la posición de Cabo de Agua, dejando en ella una guarnición para defenderla, el coronel Larrea salió a explorar el Riff al frente de las tres columnas que formaban su división, mandando personalmente la del centro, formada por tropas de las tres armas y 160 jinetes moros dirigidos por el caid Chacha. Su excursión es una gloriosa página del ejército español, recorriendo todo el territorio de Quebdana y dando fin a ella yendo a reunirse con la división del general Aguilera salido de distinto punto, habiendo dado los dos la vuelta al Gurugú y reconocido el vasto territorio de las principales kábilas rifeñas.

Cromo núm. 26

26 – Caballería rifeña sorprendida por la luz eléctrica

En las altas horas de la noche los centinelas avanzados de la segunda caseta, notaron un rumor lejano que se iba aproximando. Dieron aviso de ello. El jefe del campamento al instante ordenó que se iluminara el campo con el reflector eléctrico, y a la luz de un potente foco vieron una numerosa jarca de jinetes moros que se iban acercando para dar una sorpresa, mas ésta la recibieron ellos que al verse descubiertos por aquella luz, sobrenatural para ellos, llenos de pavor se dieron a la fuga en el mayor desorden. Unos cuantos cañonazos remataron la obra, causándoles la pérdida de algunos hombres y caballos, que las tropas al hacer la descubierta, hallaron en el campo al ser de día.

Cromo núm. 27

27 – Derrota de la caballería rifeña

Después de haber estado los rifeños atacando durante algunas horas la posición de Sidi-Muza envolviéndola en una lluvia de balas, probaron de atacarla con su caballería que es numerosa; pero el general Imaz no los dejó acercar más que a la distancia conveniente para causar en ellos grande estrago con los certeros disparos de su artillería, logrando derrotarlos tan duramente, que quedaron aquellos kabileños castigados y escarmentados por días.

Cromo núm. 28

28 – El general Marina observando el Gurugú

Siempre activo y vigilante el general Marina, no hay campamento ni posición que ocupe nuestro ejercito, que él no visite y examine. Con su actividad y vigilancia logra que todas las acciones y movimientos de las divisiones de su ejército vayan con una regularidad admirable. El dibujo le representa examinando los efectos de los cañones Schneider en las trincheras del Barranco del Lobo guarnecido siempre de moros, que él se propone tomar en breve sin sacrificar soldados.

Cromo núm. 29

29 – Las avanzadas de la columna Aguilera

El general Aguilera, al mando de una columna, salió del campamento de El-Arba a recorrer y castigar las kábilas que tanto daño han causado a nuestras tropas. La columna avanzaba con todo género de precauciones, de pronto sus avanzadas se vieron detenidas por nutridas descargas hechas por los moros desde unas alturas, y una multitud de jinetes rifeños salidos de los barrancos, avanzaba contra ellas. Aprovechando la irregularidad del terreno, los soldados bien parapetados, con sus certeros disparos contuvieron la avalancha y luego la artillería acabó de desordenarlos poniéndoles en vergonzosa fuga. Después el general Aguilera siguió su avance internándose por la tierra de Lahhadara.

Cromo núm. 30

30 – El general Aguilera recorre los poblados de Lahhadara

Después de batir y castigar a los moros de Lahhadara, se internó con sus tropas hasta Alí-Xeriff. Los moradores de aquellas tierras se admiraron al ver a los soldados de caballería que hacían la descubierta, descender montados en sus caballos por las extremadas pendientes del montuoso terreno, con la facilidad que creían no poseer más que algunos de ellos. Esto les acabó de determinar a presentarse en son de paz y que aceptaran las multas que la autoridad española les impusiera.

Cromo núm. 31

31 – Combate de Schera

Una columna al mando del coronel Primo de Rivera, formada por un batallón del regimiento de Saboya, una batería de montaña y una sección de húsares, hizo una marcha rapidísima desde el zoco de El-Arba hasta los aduares de Schera, en donde los moros, parapetados, trataron de detener el avance de nuestras tropas; la artillería enfiló entonces allí los cañones i empezó a vomitar granadas sobre las casuchas, que volaron como virutas, sembrando el pánico entre sus defensores que huyeron a la desbandada. Poco después no quedaba del aduar más que llamas y escombros.

Cromo núm. 32

32 – Los moros de Talfrant se someten al coronel Larrea

Es una de las notas más culminantes de la campaña de África, la excursión realizada por el coronel Larrea desde Cabo de Agua por la margen izquierda del Muluya y a través de Quebdana, logrando con éxito eficaz la pacificación de aquel territorio llegando hasta Talfrant, en donde, debajo de un árbol, conferenció con los moros más notables, que se le sometieron entregándole en dinero y ganados el importe de multas que se les impuso por sus anteriores actos de rebeldía.

Cromo núm. 33

33 – Las kábilas de Lehdara y el general Aguilera

Mientras el coronel Larrea recorría los poblados de Quebdana, el general Aguilera, al frente de su columna, lo hacía por la región de Lehdara, incendiando a su paso, aunque pocas, algunas casas de cabileños que abandonaron el territorio para no someterse y los restantes, la mayoría, acogieron el paso de la columna con muestras de paz y sumisión, pagando, sin resistirse, las multas impuestas y entregando sin la menor protesta las armas pedidas que ponían a los pies del general.

Cromo núm. 34

34 – Carga de caballería en las lomas de Abr-hit

En el combate de Abr-hit, intervino bravamente el escuadrón de cazadores de Alfonso XII cargando sobre los moros con tal ensañamiento, que los soldados, algunos cuyos sables se habían partido a fuerza de golpear con ellos, siguieron atacando con las quebradas hojas y dejaron el campo cubierto de cadáveres del enemigo. Honroso episodio del glorioso avance de nuestro ejército para tomar el Gurugú.

Cromo núm. 35

35 – Heroísmo del cabo Luis Noval

El cabo del regimiento del Príncipe Luis Noval, fue hecho prisionero en el combate de Had por los moros, que le prometieron la libertad si los guiaba a la entrada del campamento, contestando ¡España! al ¡Quién vive! del centinela. Accedió Noval, a quien llevaron sujeto por los hombros, y ya a la entrada del campamento, gritó «¡Compañeros, fuego!¡los moros vienen conmigo!» Hicieron los nuestros una descarga y mataron a dos rifeños y a su forzado acompañante. Éste cayó atravesado por cinco balazos gritando: ¡Viva España!

Cromo núm. 36

36 – Toma de las alturas de Nador

Nador era el punto más estratégico y fuerte que tenían los moros, pero creídos que las tropas iban a tomar Zeluán concentráronse allí para resistirlas. Grande fue su sorpresa al ver las tropas de la división Orozco coronar aquellas alturas: los soldados, animosos e infatigables echaron de ellas a la bayoneta los insuficientes defensores, que tras porfiada lucha, abandonaron en dispersión. Después ya no tuvieron tiempo para replegarse y defender Tanima primero y Nador más tarde.

Cromo núm. 37

37 – Toma de la alcazaba de Zeluán

Reducidas a escombros las defensas preparadas por los moros con los cañones de tiro rápido, avanzaron animosos y decididos los batallones de Figueras y Chiclana, rivalizando en la marcha, para tener el honor de entrar los primeros en Zeluán. Llegaron casi juntos; a la una de la tarde entraron en la alcazaba, tomando inmediatamente posesión oficial de la plaza. Izóse la bandera española, la cual fue saludada por los soldados con entusiastas vivas a España.

Cromo núm. 38

38 – Toma del Gurugú

Tomado Nador y Zeluán, quedó el odiado monte Gurugú completamente circunvalado por nuestro ejército. El general Marina dispuso tomarlo inmediatamente. Nuestros soldados llenos de ardimiento fueron tomando sin descansar todos los puntos culminantes del accidentado estratégico monte, destruyendo de paso los aduares, que eran las guaridas de los salvajes rifeños; por fin, escalando aquellas escarpadas peñas, llegaron a la cumbre enarbolando en ella la bandera española, que fue saludada por todo el ejército desde todos los campamentos, fuertes y ciudad de Melilla, al verla izada en la cumbre más alta del Gurugú.

Cromo núm. 39

39 – Temporal del 19 de Octubre

Todo el ejército y población de Melilla recordarán la fecha del 19 de Octubre, en que un temporal de viento y agua inundó en parte la ciudad, y todos los campamentos fueron en más ó en menos anegados. Las trincheras se convinieron en verdaderos arroyos, la furia del viento deshacía las tiendas de campaña; era preciso que los soldados trabajaran continuamente en reparar sus tiendas y en mudar de emplazamiento la artillería de montaña casi cubierta por el agua. El del zoco de El-Arba se inundó también, siendo preciso pedir auxilio a la Restinga para realizar la evacuación.

Cromo núm. 40

40 – Conferencia del general Marina con los emisarios del Sultán

El breve tiempo con que el ejército español ha vencido y humillado el bárbaro e indómito carácter de los rifeños, determinó al Sultán a enviar una comisión de Kaides a Melilla, para que después de conferenciar con el general Marina, interponer su influencia con los principales jefes de la harka, para que dejaran en absoluto de hostilizar a los españoles y someterse, como la mayoría de las kábilas ya han hecho, a la protección de España.

Cromo núm. 41

41 – Bombardeo de Nador por el crucero "Carlos V"

Cromo núm. 42

42 – El santón Schaldy predica la Guerra santa

Lleno de ira, de despecho y rebosando odio contra los españoles por las continuas, derrotas que le han infligido, el santón Schaldy reune su harka harto maltrecha y escarmentada, y les predica la Guerra santa. En vano les promete en nombre del profeta, el paraíso con la mar de delicias para los que sucumban en ella. Con su elocuencia y porfía parece que logra convencer y animar a aquella tantas veces engañada gente. Más ¡ay! se oyen cañonazos del fuerte de Camellos y los estampidos de dos granadas que revientan a poca distancia, convencen a todos de que más que la guerra les importa salvar su pellejo, sus casas y familias, y le dejan solo.

Cromo núm. 43

43 – Toma de At-Laten

Cromo núm. 44

44 – Los moros adictos se baten a favor nuestro

Los moros de la policía indígena mandados por el kaid Chacha y Maimón Mohatar, adictos a España, a la vanguardia con nuestras tropas, no solamente han servido de guías en las operaciones de avance, sino que también se han batido bravamente como ellas con tenacidad y energía, distinguiéndose principalmente en la toma del Gurugú, en el combate de Tardirt y en la ocupación de la península de Beni-Sicar hasta el Cabo Tres-Forcas, conquistando la consideración y aplauso de nuestro ejército.

Cromo núm. 45

45 – Sumisión de los moros de Beni-Sicar

En el zoco El-Had es donde se celebró el acto de sumisión de los moros de Beni-Sicar. Presentáronse en numerosa comisión ante el general Marina; éste preguntó a los moros qué significaba su venida. Los jefes contestaron que deseaban el perdón de España. Yo os lo concedo en su nombre —contestó el general— y deseo que os hagáis con vuestra buena conducta dignos de la protección que se os concede, inmediatamente avanzó el moro que conducía un buey y el intérprete Amadi, el Gato, sacrificóle certeramente de un solo golpe de gumía.
Los moros, después de reiteradas frases de gratitud, regresaron a sus aduares. El Rif quedaba dominado por España. La guerra terminada.

Cromo núm. 46

46 – El faro del Cabo Tres Forcas

Cromo núm. 47

47 – Abd-el-Kader se dirige a presentarse al general Marina

Cromo núm. 48

48 – La repatriación de las tropas

El día 19 de Diciembre fué para Barcelona un día de inmenso júbilo. El "Alfonso XII", trasatlántico que conducía a las tropas victoriosas de la guerra de África, entraba en el puerto a las ocho de la mañana. De desde esta hora las calles y paseos se llenaron de gente, esparciendo por todas partes el confortante ambiente del patriotismo. Al batallón de cazadores de Alba de Tormes le tocó desfilar por la Rambla de las Flores; fué un espectáculo indescriptible su paso, un desbordamiento de entusiasmo. Todo era poco para festejar a los soldados, veíase por todas partes una lluvia de flores y laureles y oíanse sin cesar las aclamaciones de ¡Viva el Ejército! ¡Viva España!

Cromo núm. 49

49 – Entrada de las tropas en Madrid

No solamente en las principales ciudades sino hasta en los más modestos pueblecillos, la llegada de sus hijos que vuelven victoriosos de la guerra, constituye un día de fiesta y de alegría. Pero donde el pueblo ha superado a todos es en Madrid; es tarea imposible describir la frenética alegría y el loco entusiasmo con que recibió a las tropas. Millares de ramos de flores, millares de palomas que se tiraron y soltaron. De desde el Rey al más humilde obrero, todos se afanaron en dar la bienvenida a los héroes, no oyéndose más que las aclamaciones al ejército y a España.

Cromo núm. 50

50 – El teniente general D. José Marina Vega

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